martes, 25 de enero de 2011


    
                  Capitulo III

¿Qué probabilidades tiene un debutante suicida de seguir en la tierra y conectarse a la sociedad?, ¿5 de 10?. La verdad es que pensar en poder sobrevivir en un mundo donde eres rechazado hasta por el ser mas miserable que pudiera existir, no sirve de nada y a mi opinión es de tontos el aferrarse a algo que no se tiene.

-no creo que tu madre me vea como una buena influencia para ti- respondí.

-al contrario, yo creo que te vería como una buena influencia para ella tienen mucho en común- dijo Robert

-¿en común?, si te refieres al echo de querer acabar con sus vidas, ella seria la influencia para mi, tu madre lo hizo, y yo, aun sigo aquí sin poder lograrlo- respondí un poco ofendida.


-bueno, en fin, entonces... ¿vendrás conmigo?-pregunto Robert al instante.



Mire al horizonte buscando alguna salida a todos mis problemas, pero ¡ho sorpresa!, no halle ninguna.

Moví la cabeza muy despacio y de manera inconsciente en señal de afirmación, esperando que en algún momento esta se volviera en sentido contrario negando todo lo que haya dicho antes, pero claro esto no sucedió.


-¡Emma!, ¡has dicho que sí!, porque... eso era un si ¿verdad?-preguntó Robert al ver seguramente mi rostro desencajado por la inesperada respuesta que acababa de dar.



-ok, mira, no te emociones mucho, ya sabes que si no me convence nada, pues...- respondí en mi defensa



-no te preocupes, eso no pasara- dijo Robert tomándome de la mano y ayudándome a colocarme en un lugar "seguro".


Fuimos primero a casa de Robert, un lugar bastante agradable por no decir lujoso dentro de una pequeña residencial. Las paredes cremas decoradas con cuadros de pinturas famosas, desfilaban en cada habitación demostrando la cultura que debían tener en cuanto a arte y haciéndome sentir una inculta en cuanto al tema.

-espera un momento en la sala, iré a ver a mi madre y recoger la llave para irnos al departamento de mi tía- dijo Robert indicándome con una señal la sala y subiendo las escaleras a un segundo piso.


Asentí en señal de aprobación mientras seguía recorriendo con la mirada todas las pinturas, fotografías y pequeñas esculturas que adornaban paredes y vitrinas de cada extremo del primer piso de la casa.

Tomé asiento en uno de los sofás de la sala colocados en forma de media luna y continué observando todo a mi alrededor, me sentía fascinada con todo el arte que me rodeaba. Sobre una radiola frente a donde yo me encontraba sentada, se hallaban pequeños cuadros con fotografías de quien a mi parecer era Robert de pequeño.

Me levanté del sofá y fui a observar mejor. 
El cabello cortado en forma de hongo, el rostro alargado, ojos brillantes y atentos acompañados de una enorme sonrisa, relucían en una de las fotos, si, era él sin duda.

Seguí observando cada foto tratando de no perder ni un detalle, cuando note un cuadro donde aparecía una señora muy hermosa por cierto, tenia la mirada picara de Robert, el mismo color verdoso de ojos, pero su rostro presentaba ciertas facciones de tristeza.

-Es mi madre- dijo Robert  sobresaltándome por su inesperada aparición- es hermosa ¿no?


-si- respondí observando el rostro de aquella señora mientras Robert se colocaba a mi lado.


-así es su rostro desde que papá murió...-dijo Robert mirando la foto de su madre


-lo siento..- respondí

- y ese mocoso con el horrible corte de hongo soy yo- dijo Robert señalando otra fotografía de él y riendo un poco.



-si, me lo imaginé, no has cambiado mucho, salvo que ahora ya no usas el peine- dije riendo y observando el cabello revoloteado de Robert.


-si- dijo Robert riendo- odiaba ese corte...bueno, ¿nos vamos?, ya tengo las llaves y vi a mi madre que sigue en su cuarto así que...

-oh, pensé que podría conocer a tu mamá- dije un poco desilusionada.


-am, creo que no es un buen momento Emma, lo siento- respondió Robert, mientras salíamos de su casa en dirección a lo que sería temporalmente mi nuevo hogar.


Mi nuevo hogar era todo lo contrario a la casa de Robert; era pequeña, oscura, sin ningún tipo de decoración, ni muebles...era un desastre.


-hace mucho que no vengo aquí- dijo Robert cuando entramos en la casa- te ayudaré a limpiarla, pintarla y reparar lo que haya, no te preocupes.



-¿quién vivía aquí?- pregunté un poco sorprendida, ya que la casa me parecía más un chiquero que un lugar habitable



-era de una tía, se suponía que iba a ser aquí donde viviría, pero al parecer no le gustó el lugar y pues...la dejó, nadie a querido comprarla.



¿Pero quién en su sano juicio compraría una casa así?, creo que el cuarto donde anteriormente vivía era mucho mejor que todo esto.


-sé que no es lo que pensabas, pero... te servirá, es aún muy temprano, así que podremos terminar con todo- dijo Robert  pasando una mano por su cabello.


El resto de la mañana fue un caos total, entre reparar, pintar y amueblar la casa con cosas que Robert traía de su propio hogar.



-!Emma, terminamos!- había ya anochecido y Robert daba un grito de júbilo mientras se echaba en mi cama ya echa.- te dije que terminaríamos.



-si- respondí, no podía creer el enorme giro que había dado mi vida en tan solo un día- gracias Robert...y estaría muerta no ser... por tí.



Robert



-descansa Emma, mañana será otro día,- dijo Robert soltándome- bueno ya me tengo que ir... que sueñes bien...



Robert salió de la casa, yo me acosté en la cama y todo quedó en silencio.



Era muy temprano, aún no amanecía por completo, pero algo en la mente no me dejaba dormir.

¿Todo esto me está pasando enserio?, o es que ya me he muerto hace rato y estoy en algo parecido a un trance...
La imagen de Robert se me presentaba a cada momento en la mente, su forma de hablar, su mirada...el rostro de su madre en la fotografía.



Tomé el teléfono y llamé a Robert, sabía que era muy temprano, pero necesitaba saber algo. Timbro una, dos, tres veces y nadie contestaba; ¿abría salido a correr?, colgué al fin y esperé a que amaneciera por completo, tal vez Robert viniera a visitarme.



Compré algo para desayunar y luego me puse a limpiar un poco la casa, cuando unos toqueteos insistentes en la puerta me sobresaltaron, fui a ver quién era mi visitante.



-¿quién es usted?- una mujer un poco mayor, me interrogaba con ansias al abrir la puerta de entrada


-am, soy, mi nombre es Emma...

-¿y que haces aquí?- la mujer interrumpió



-disculpe, ¿quién es usted?- pregunté confundida


-soy una vecina cariño, ahora tú dime que haces aquí- volvió a preguntar la mujer

-oiga, no le voy a responder nada- respondí molesta por la insistencia de la mujer

-mira niña, fui amiga de la señora Juliete, que en paz descanse y cuido esta casa como si fuera mía, asi que responde- dijo la mujer un poco fastidiada



¿Quién diablos es Juliete?


-soy, una invitada de Robert...- ¿Robert qué?, genial, no sé ni su apellido- am, esta es la casa de una de sus tías- respondí, tratando de sonar coherente.


-Supongo que te refieres a Robert Vega y a la Señora Jimena Carpio, hermana de la señora Juliette- dijo la mujer



¿Será, que esos eran los nombres de la tía y madre de Robert?



-señora, disculpe pero creo que prefiero esperar a que llegue quien me trajo aquí, para que usted hable con él, porque no creo, que estemos hablando de la misma persona ya que la madre de Robert está viva- dije con la intención de que la mujer se fuera y me dejara en paz



-no, creo que si estamos hablando de la misma persona niña- dijo la mujer, más calmada- ¿me dejas pasar?, creo que puedo ayudarte a entender todo.



-perdone, pero prefiero que Robert hable con usted- dije bastante mareada con todo el asunto, no entendía nada.



La mujer me quedó mirando.



-te pareces a la hermana del joven Robert- dijo la mujer sonriendo dulcemente y volviéndose para marcharse



-¡espere!- dije casi gritando, para detener a la mujer- dijo, la hermana de ¿Robert?



-si- respondió la mujer volviéndose sorprendida- la señorita Clara



-¿ella murió?- pregunté tratando de atar cabos



-la señorita Clara...se suicidó, si te refieres a como murió-dijo la mujer apenada



Era demasiada la coincidencia, el problema, es que yo no sabía los nombres, y ya no podía seguir esperando a Robert.



-¿quiere pasar?- pregunté



La mujer entró en la casa y tomó asiento en una de las sillas del pequeño comedor, mientras yo me sentaba frente a ella en otra silla.



-usted podría...-pregunté tratando de terminar la frase


-quieres que te explique todo-atajó la mujer

-si-respondí de inmediato

-bien- la mujer se acomodó bien en la silla, tomo aire y empezó con su relato.

Espero que les guste y ps ya saben  dejen sus comentarios! y muchas gracias por seguir leyendo.